domingo, 9 de mayo de 2010

¿Qué les Queda a los Jóvenes?

(Mario Benedetti)

Este estupendo poema parece comenzar con un dejo de pesimismo. Parece indicar que a nuestra juventud sólo le espera un mundo de drogadicción y demás vicios, un mundo de diversiones huecas y de tedio, un mundo de pobreza y de violencia, un mundo de escepticismo y de falta de identidad, un mundo de ruidos y de prisas y de muerte prematura. Un mundo que se consume a sí mismo por el consumismo que caracteriza a nuestra época. Sin embargo, el poema invita a los jóvenes a no validar la realidad presente. Los invita hacer un alto en el camino y en el tiempo, y a descubrir su identidad en el curso de la historia. Los invita a bajarse del expreso de la vida, a cerrar los ojos y a vivir sin prisas, en armonía con la naturaleza. Los invita a luchar por el amor y por la vida; a buscar la razón de su existencia. Los invita a soñar y a recuperar sus sueños, y a construir un mundo de valores, como lo expresa en las líneas finales del poema:

tender manos que ayudan y abrir puertas

entre el corazón propio y el ajeno

sobre todo les queda hacer futuro

a pesar de los ruines de pasado

y los sabios granujas del presente

Mis estudiantes no son diferentes a los demás. Son víctimas de las mismas circunstancias. Creo que injustamente los hemos etiquetado de inadaptados y de flojos, sin pensar en las causas que subyacen a sus actitudes: Abandono, falta de atención paterna/materna, falta de las figuras anteriores por diversidad de causas. Alguien mencionó la crisis. Alguien más mencionó la ambición que lleva a ambos padres a trabajar para tener más y más, o quizá para demostrar su independencia uno del otro en detrimento de la atención debida a los hijos. La desintegración familiar característica de la sociedad contemporánea, falta de proyecto de vida, todo lo anterior aunado a los desequilibrios propios de la adolescencia y que hemos considerado en el documento “Cambios psicológicos y sociales en la adolescencia”, de Octavio Ortega.

Sin embargo, creo que ni siquiera la mayoría de nuestros alumnos pueden ser descritos de la manera anterior. En mi caso particular, en el semestre recién concluido y en relación con los alumnos de primer semestre, tuve dos grupos muy buenos y uno muy malo. Y a pesar de ello, creo que desarrollé una atmósfera de trabajo que dejó satisfechos a la gran mayoría de ellos, como lo pude averiguar por los comentarios vertidos por ellos al anunciarles que les volvería a dar clases en el semestre que viene. Tuve un cuarto y un quinto semestres regulares, y dos sextos también muy buenos. Se menciona que podríamos canalizarlos a algún departamento especializado, que en mi caso sería Orientación, por estar compuesto por psicólogos. Sin embargo, ese departamento se ocupa de otras funciones, y muchas veces ni siquiera cumple con su función asignada. Así que no podría esperar gran cosa de ellos. Por otra parte, por la cantidad de alumnos y el tiempo de que disponemos para atenderlos, es imposible conocerlos bien, como menciona el profesor Emilio, cosa que sería deseable.

Creo que si hacemos nuestra parte, si mostramos entusiasmo por nuestra labor, si hacemos todo lo que esté de nuestra parte y a nuestro alcance como resultado de nuestra preparación, y si consideramos las necesidades de nuestros alumnos en nuestra práctica docente, haremos una diferencia en la mayoría de ellos. Tampoco esperemos ser los genios que resuelvan toda la problemática de los alumnos.

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